"¿Escribirías un nombre si supieras que eso lo borraría del mundo?"
Leo Garza escribe el nombre de Nicolás, su vecino, en un legajo que no debería existir. Al día siguiente, Nicolás no existe. No ha muerto. No ha desaparecido. Simplemente, nunca existió. Su departamento siempre estuvo vacío. Su familia nunca lo tuvo. Sus amigos nunca lo conocieron.