Hay un hilo que conecta El bebé de Rosemary con El orfanato de las voces. Un hilo que conecta La semilla del diablo con La casa que escucha. Un hilo que conecta todas las historias de cuerpos que dejan de ser nuestros. Ese hilo es el cuerpo como casa. La casa como territorio. La casa como prisión. La casa como útero. Y el terror de descubrir que, a veces, la casa tiene otros planes.
Ensayo
Helimir E. López
2026
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