El legado del que no nació es la presencia psíquica de una vida que nunca llegó a ser. No es un fantasma ni un espíritu: es la huella que deja en la psique de los vivos la posibilidad truncada de un hijo, un hermano, un amigo. Lo que no nació no desaparece: se convierte en un espacio que los vivos habitan sin saberlo. A veces, ese espacio se llena de culpa. Otras, de obsesión. Y en casos extremos, de una presencia que reclama su lugar.
Pérdida
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