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EXPEDIENTES

El Legajo 07-34

Ciento cuarenta páginas en blanco y una lista de nombres
Archivo Histórico Municipal 1887 Legajo 07-34

La reliquia

Un expediente que no debería existir. Ciento cuarenta páginas en blanco y una sola frase manuscrita: "Aquel que lea mi nombre, me condenará a seguir escribiendo." Debajo, una lista de treinta y siete nombres. El primero es el de la madre del archivero que lo encontró.

Historia del objeto

Leo Garza trabajaba de noche en el Archivo Histórico Municipal. Conocía cada expediente del depósito C-12 porque él mismo los había catalogado. Por eso sabía que el Legajo 07-34 no debería existir.

Aquella noche de lluvia, el sistema registró un documento nuevo. Lo colocó sobre el escáner. Las páginas estaban en blanco. Todas. Hasta el folio 37.

En ese folio, una línea de texto manuscrito: "Aquel que lea mi nombre, me condenará a seguir escribiendo."

Debajo, la lista. Treinta y siete nombres. El primero: Elena Garza. Su madre. Muerta hacía cinco años.

Leo no escribió esos nombres. Pero la pluma que los trazó tenía su temperatura. Y desde que abrió el legajo, algo comenzó a escribir dentro de él.

El Legajo 07-34 no era un expediente. Era una página esperando un nombre más.

El eco

Los nombres que no decimos no se olvidan. Se acumulan. Se vuelven más pesados con cada año de silencio. El Legajo 07-34 no es un castigo. Es un espejo. Los nombres que borramos nos borran a nosotros.

Conexión con la novela

En "Legajo 07-34", el legajo es el desencadenante de toda la historia. Leo descubre que los nombres que ha borrado de su vida —su madre, su amigo, su vecino— están todos en esa lista. El legajo no es un castigo externo. Es su propia memoria escrita en papel.

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