El insomnio no es solo un trastorno del sueño. En muchos casos crónicos, es el eco de una culpa no resuelta que se manifiesta cuando el mundo está en silencio.
En "El peso de los que duermen", el terapeuta Simón Lagos trata a pacientes con insomnio severo. Todos sueñan lo mismo: una habitación vacía con una cuna en el centro. El insomnio de Simón no era un síntoma. Era un llamado. Su cuerpo, su mente, sus sueños, todos le decían lo mismo: hay algo que enterraste. Algo que pesa. Algo que no te deja dormir hasta que lo enfrentes.
Las 3:00 AM. Siempre las 3:00 AM. El reloj de la mesilla marcaba la misma hora que todas las noches. La habitación estaba en silencio, pero el silencio no era vacío. Era una presencia. Una cuna en el centro de la habitación. Un niño que lo miraba. "Tú me pusiste aquí", decía el niño. "Ahora ven a buscarme." No podía recordar qué niño era. Pero su cuerpo sí. Por eso no podía dormir.
La próxima vez que no puedas dormir, quédate donde estás. No te levantes. No mires el teléfono. Escucha. ¿Qué está diciendo esa voz que aparece cuando el mundo está en silencio? Al día siguiente, escribe lo que escuchaste.