La culpa que no es de nadie en particular porque es de todos. Una red de silencios donde cada persona aportó un hilo.
En "El peso de los que duermen", todo el pueblo de Santa Clara sabe lo que pasó con el niño desaparecido. O sospecha. O intuye. Si no fue tu mano la que cavó el pozo, fue tu silencio el que permitió que el pozo siguiera ahí. La culpa colectiva no se resuelve con un chivo expiatorio. Se resuelve cuando cada persona reconoce su hilo en la red.
—Todos soñamos —dijo la mujer de pelo teñido—. Todos soñamos con la cuna. Con la habitación blanca. Algunos se fueron. Algunos se murieron. Algunos aprendieron a no dormir. El silencio no era ausencia. Era una red. Cada persona aportó un hilo. El que no denunció. El que miró para otro lado. El que supo y no preguntó. El que tuvo miedo.
Dibuja un círculo. Adentro, escribe tu nombre. Alrededor, las personas que comparten un silencio contigo. No es una lista de culpables. Es un mapa de conexiones. Elige un hilo y pregúntale a alguien: "¿Seguís pensando en eso?"